viernes, julio 07, 2017

Cuatro por el precio de uno


Pasé horas escogiendo ese vestido de florecitas antes de verte. Mientras me lo quitaba supe, que si hubiera entendido lo que quiso decirme tu sonrisa, no sentiría ahora ese calor entre las piernas. No tendría que hacer el amor con mi esposo, pensando en ti, chico de los dientes bonitos.

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Tenía 12 años y un vestido blanco con flores azules, pequeñitas. Las mangas abombadas y una cinta en la cintura. Me lo puse para la fiesta y me sentí bella. El me miró cuando entré. La chica que faltaba mucho a clases, llegó unos minutos más tarde. Ella tenía un pantalón ajustado y un top que dejaba ver su barriga planita. Ambos se sonrieron, bailaron y nunca se separaron. Yo estuve parada a un lado mirándolos todo el rato. No esperé a que me recojan, regresé sola caminando a mi casa. Lloré. No volví a usar vestidos con bobos.

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No sé para qué me demoré tanto para escoger ese vestido azul de flores chiquititas, si me lo sacó unos segundos después de abrirme la puerta. Luego de mirarle el culo durito a través del espejo, me he dado cuenta que todos nos vemos más lindos calatos.


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Se sacó el vestido todavía húmedo con los fluidos de su ex, luego de hacer el amor. Lo hizo una bola y lo guardó al fondo del último cajón de su cómoda. Ahora va a poder olerlo todas las noches, todos los días de su ausencia.