viernes, abril 15, 2016

Mi hijo, el retador


A, el bebé que nació prematuro y sin cejitas es hoy un jovencito alto y fuerte de 13 años. Yo siempre creí que sería artista. Le canté canciones desde que nos conocimos. Le compré pinturas, papeles, lápices, crayolas, colores, acuarelas, pinceles y cartulinas especiales. Ganó concursos de artes pláticas en primaria, mi niño lindo. Tenía una imaginación desbordante y yo le seguía divertidísima todas sus fantasías. Preparábamos la fiesta de cumpleaños de Superman, le destruíamos sus planes a Lex Luthor, viajábamos en naves espaciales, yo parada en la cocina moviendo las ollas, el saltando en la sala con el disfraz de turno. El de Superman por supuesto era su favorito. Tan favorito que lo usaba todo el día y hasta para salir a la calle. Igual, una capa de disfraz de príncipe lo convertía en mosquetero, un pañuelo mío en pirata, un casco de construcción en astronauta. Lo llevé al cine desde los tres años y en casa aunque nunca hemos tenido cable, siempre hemos estado suscritos a esas compañías para ver películas. Le encantaban los libros, tanto de ficción como de ciencia, pues era fanático de los dinosaurios y de los experimentos. Hicimos mil manualidades para casi cada festividad en el calendario, Navidad, Pascua, Halloween, día del padre o la madre. Amaba los cuentos. No pretendí imponerle nada, hice lo que creo que todos los padres hacemos naturalmente, les enseñamos a nuestros hijos a través de nuestro estilo de vida.

Creo que la última vez que hicimos conejitos de Pascua con rollos de papel higiénico tenía 11 años y ya no fue muy feliz. Entendí que ya se había graduado de eso. Teníamos un libro de cuentos muy grande, pesado, con ilustraciones lindas que le regaló su Abu cuando pequeño. Siempre me pedía leérselo y creo que ese año también fue la última vez que lo hice.  Muchas cosas cambiaron en él cuando entro a la escuela de enseñanza media pero nunca dejó de ver cine y de leer. Se enamoró de las peliculas de Yurasic Park, conoció Star Wars, las de súper héroes de Marvel y DC Comics y también la saga de Rocky (Sí, Rocky Balboa).

Yo soy una persona muy pacífica. Una renegona pacífica. No soporto las armas, estoy en contra de todas las guerras. Evito siempre las peleas. No me gustan las películas de acción, no tolero ver gente golpeándose. No me impresionan las grandes escenas de explosiones o escapes armados, es más, me molestan. Pero a A siempre le parecieron interesantes.

Pero volvamos a Rocky. Rocky I, II hasta la V o VI y Creed también. La historia de Balboa lo encandiló a tal punto que comenzó a hablarme mucho del boxeo. Quería practicarlo. Mi primera reacción fue de rechazo total. Le dije que me parecía un horrible deporte y que no me hable del asunto. De hecho, él ya estudia artes marciales y me parecía suficiente con eso. Pero insistía. Una noche vino diciéndome: ¿“Nunca has sentido dentro de ti que hay algo que quieres hacer, con muchas ganas, y sientes que lo puedes hacer bien, pero no te dejan?. Con eso, me tiró a la lona. Él no lo sabe, pero quise llorar, porque se me pasó mi vida entera frente a los ojos. Todos los “no” que recibí cuando tímidamente dije que quería ser artista, escritora. Me sentí mal. Le dije que lo pensaría.

Mi ego se ha estado revolviendo por semanas. Yo quería que mi talentoso A sea un artista. Ok, ya, sino entonces, un científico. Él había dicho Paleontólogo alguna vez. Ok, ya, lo que sea, pero que no golpee, que no lo golpeen!!. ¿Qué hice mal? Me he preguntado muchas veces. También me he reído. Ok, tiene 13, no es para tanto… Vamos, sí lo es, es mi hijo querido! Y se trata de lo que le guste a él, no de lo que me guste a mi. No de lo que yo quiera. No de lo que a mi me haga sentir bien. Su vida, es de él yo solo debo guiarlo. Esta vez se me hizo duro de aceptar aquello que siempre he proclamado, la libertad de ser.

Él ha hecho su parte estudiando mucho como le pedí y sacando buenas notas, entonces mi parte ha sido darle la oportunidad de practicar box con un amigo de la familia, que es entrenador. No será parte de ningún equipo, ni competirá (en este país todo lo toman tan en serio y es difícil que en algo no se compita!!!) pero está aprendiendo los movimientos, haciendo mucho cardio, dándole duro a un saco de boxeo. Será una actividad de verano. Ese ha sido mi justo medio. No se qué más me va a traer la vida con él, pero deseo que sea feliz y nunca cortarle las alas.

Cómo dijo un ministro de economía, qué Dios nos ayude.

viernes, enero 08, 2016

Recuerdo

Me gustaba besarme con mi mejor amigo. A él le gustaba mi sexo de vellos escasos y delgados. Me decía que odiaba a las mujeres peludas y los calzones grandotes, de vieja, mientras hurgaba en el mio pequeño, suavecito. Yo no sabía casi nada, pero siempre tuve buen gusto para la ropa interior. A mí me encantaban su boca, su cabello largo, sus dedos, su voz grave, su forma lenta de pronunciar las palabras, de decir mi nombre y de gemir de placer, aunque nunca me penetrara.