jueves, noviembre 06, 2014

Sabor a ti

Y entonces, recuerdo aquella primera vez en que probé un ceviche de mariscos, el olor que emanaba el plato frente a mis ojos, las cebollas recién liberadas de su lacrimosa caparazón, cortadas por su verdugo afiladísimo, los calamares blancos, el limón casi invisible pero fragante, el ají protagonista en rojo, el miedo curioso de que todos esos olores sean en mi boca aún más potentes y desequilibrantes. Así es tu aroma que no es solo tuyo, sino que ha creado junto al mío, el perfume único que no se me desprende del cuerpo, de los cabellos, del alma.

Y voy cuesta arriba, subiendo las escaleritas rumbo al mercado hasta el casero de los productos marinos, sin temor a los gritos y empujones sabatinos o a las jaulas de pollos chillones, pero si con cierto asco al pisar el suelo pantanoso, de tierra humedecida por la garúa que no ha ofrecido tregua desde la noche anterior. Yo y mis diecisiete años caminando al lado de mi abuela, cargando la bolsa de rafia vacía y la timidez de la niña que ya no es, pero que al pasar por el puesto de ganchitos quisiera comprárselos todos. Debí haberme bañado, porque el olor a moluscos, a mar, a sal y a tabaco se escapa a cada paso, principalmente de entre mis piernas y podríamos ser descubiertos. Pero no, he decidido quedarme sucia.