viernes, septiembre 05, 2014

Distinción

“La copa se agarra del tallo. Del tallo y nunca del cáliz porque calientas el vino. El tinto va con la carne de res, el blanco con el pollo o el pescado. Vamos, que si se puede”.

 

__Sírvase señorita, me dice el mozo mientras prácticamente me embute una fuente con bocadillos que parecen comida para caracoles. Agarro uno y maldigo en silencio que no me ofrezca vino.

__¡Que delis las hojitas de parra!, escucho decir a una de mis compañeras, mientras contengo la náusea ante la textura rugosa del aperitivo en mi boca. Lo muerdo con resignación para descubrir un sabor fuerte como de queso avinagrado. Sabe a mierda.

“Parra se llamaba esta mierda. ¿Y ahora?, no la puedo tragar, pero ni modo que la escupa. Ok, la servilleta ha de salvarme. Me hago la que estornudo y escupo la hoja de parra en ella. Y luego, ¿Cómo la desaparezco sin que nadie se dé cuenta?”

Estamos sentados en una mesa circular, mi jefa, su secretaría y las otras dos chicas que hacen lo mismo que yo, son asistentes de prensa. Es el almuerzo por el aniversario de la empresa. Ellas conversan, se miran, se ríen y yo con la servilleta que guarda la hoja de parra rellena de no sé qué mierda, detenida en el proceso de formar el bolo alimenticio, en la mano. Observo rápidamente la situación como si me hubiera muerto, ósea miro a todos como si estuviera arriba de ellos. “No hay escapatoria sin roche. Podría levantarme y decir que voy al baño, pero seguro de los nervios me pongo tartamuda, y encima me verán con el puño cerrado. ¡Oh por Dios!. ¿Y si meto el bulto infiel a mi cartera? Me van a ver y además que asco. Ya sé, me agacho pretendiendo que algo se me ha caído y aviento la cosa debajo de la mesa. Sí, esa es”.

__Uy ¿se me cayó mi sortija?, digo mientras lanzo medio cuerpo debajo de la mesa. Me demoro cinco segundos en tirar la mercancía. Cuando levanto mi tronco a la posición sentada señorita bien, aparece el gerente general de la compañía en el estrado preparado para el magno evento y todos aplauden. Aplaudo también. Luego de un breve saludo, el hombre empieza a leer unas palabras que me suenan conocidas, típicas de discurso corporativo. Me da sueño y casi no me concentro.

__... y es así como la comunicación horizontal será la clave de nuestro éxito. Vivamos el espíritu Ringtune. ¡Hoy y para siempre!, es lo último que dice.

Suenan nuevamente aplausos entusiasmadísimos.

__Queridos colegas, gracias por sus palmas, pero debo decir que a mí no me corresponden. Por favor aplaudan a Carolina Paredes, asistente del departamento de Prensa y Comunicaciones, que escribió el magnífico mensaje que les acabo de leer en la encuesta de opinión que cada uno de ustedes recibió hace unas semanas.

“Mierda, esa soy yo” me digo a mi misma y al levantar la mirada, todos están diciendo wow, qué bien, ¡buena Caro! Me aplauden mientras un tacho de luz me ilumina.

Levanto una de las copas de tinto que el mozo está colocando por fin en la mesa, tomándola por el tallo y sonrío como pal Face. Nadie pensará ahora que fui yo la pueblerina que tiró la servilleta con hoja de parra bajo la mesa. Y que antes de escribir sonseras, me fumo un huirito en el baño del quinto piso que nadie usa. ¡Salud!.

miércoles, septiembre 03, 2014

En la punta de la lengua

Me siento frente al teclado para escribir y no puedo. Me bloquea una nube gris en la mente. Me hace verlo todo borroso, como la neblina en la cima de una montaña. ¿La has visto así, en la cima de una montaña?. Parece como si hubieran agarrado un algodón de dulce, lo hubieran estirado un poco con las manos y así, al descuido, lo hubieran lanzado hacia lo más alto. Mi cerebro, con mis ideas adentro, está empañado por ese algodón, que no es dulce, sino amargo y que me bloquea la imaginación, sobretodo la feliz.

La imaginación triste me persigue. Sueño con muertos, con muertos queridos que no me hablan. Con amores perdidos en el tiempo y las circunstancias, mi antigua casa, él, muchas escaleras y puertas. No quiero volver a ninguno, no quiero dar un solo paso atrás, he decidido avanzar.

Todos podemos escribir. Todas las historias están escritas. Todo depende de cómo las cuentes.

Inhala. Exhala.

Quítate el disfraz. Desnúdate.

Escríbete.

La historia la tienes en la punta de la lengua.

 

IMG_6441