viernes, mayo 02, 2014

Pequeña historia de reconciliación para un solitario y enfermizo abril


Ella ha decidido darle la oportunidad de hablar. Se han citado en el mismo bar de siempre, el de los tiempos felices. Ella se siente feliz porque por fin ha podido ponerse aquella falda que le queda bonita. Mientras camina rumbo a la cita puede sentir, claramente, los latidos acelerados de su corazón.


Se encuentran, se sientan, piden unas chelas. Se fuman unos cigarrillos. Se sonríen como un par de adolescentes, al cruzar miradas. A ella siempre le ha gustado su olor. Él le está hablando despacio y la ha tomado de la mano, luego de apagar su pucho. Le dice que la ama, que no le importa todo lo que ha pasado antes, que la ama como siempre. Ella siente que quiere llorar, pero también sonreír, que el mundo se ha convertido en un lugar mejor, pero aun así no encuentra las palabras. No quería permitirse amarlo más, pero ya no puede seguirlo negando. Ella le aprieta la mano y como no lo hacía desde hace tantos meses, se acerca mucho para mirarlo a los ojos, para que él responda de la misma manera que lo hizo desde el día en que se amaron por primera vez, con un beso interminable, cargado de todo eso que sólo ellos pueden sentir, el uno por el otro.

&&&&&&&&&&&&&&&

No hay comentarios.: