domingo, diciembre 14, 2014

Después que el sol ha caído

 

“Bueno, vamos a suponer que es verdad, que sin mí no habría color, no habría luz tampoco. Pero acepta que sin ti, no habría música, ninguna melodía habría sido jamás tocada, ni escrita en mi cerebro. Nunca brillaría, como en sus brazos resplandezco, pensando en ti.”

////////////////

__ ¿Y qué hay arriba?

__ ¿Quieres ver?… Se ve toditito, hasta tu casa.

­__Mentiroso.

__Vamos, te enseño.

Subimos las escaleras hacía la azotea. Me tomas de la mano y me pides avanzar con cuidado. Está oscuro, adviertes. Me atemoriza que el último tramo no tenga baranda. Al llegar, distingo un tendal con algunas prendas colgadas y creo que ladrillos, desparramados. Nos acercamos al borde del cuadrilátero, a una especie de muro que hace las veces de balcón. Sí, puedo ver el parque entero y muy chiquitita, mi casa. Me llevo la mano a la frente. Me preguntas que sucede y te contesto que fue un ligero mareo. ¿Bajamos entonces?, consultas. Te digo que no. Entonces ven, me dices mientras me diriges a la pequeña zona techada en la esquina interior. Hay un caño. Lo abres, te mojas las manos y las pasas por mi frente, sigues por mi cabeza hasta mi nuca. Junto a tus manos y el aire frio, esa humedad me alivia. Te pido sentarnos. ¿En el suelo?, dudas... ¿Y si traes esa sábana?, sugiero, mientras señalo el lienzo que se mece junto a un par de camisas que no parecen de tu talla.

Doblas el lienzo en dos y lo tiendes en el piso. Nos sentamos, uno al lado del otro. Es nuestro pequeño refugio, un picnic nocturno, sin comida. Me abrazas. Menciono que quisiera recostarme e inmediatamente te sacas la casaca y en un par de movimientos de mago la conviertes en una almohada, que sostienes, hasta que descanso mi cabeza sobre ella. Cierro los ojos. Te percibo muy cerca y me besas. Me besas brevemente. Abro los ojos para descubrir que sonríes. Yo lo hago también. ¿Te duele?, esto puro cemento y la sábana es delgadita, me cuestionas, tocando nuestro improvisado colchón. Yo te contesto tirando hacia arriba de tu polo. Entonces, te agachas y abres el botón de mi pantalón, deslizas el cierre. Nada nos detiene. Somos invencibles. Hacemos el amor con los ojos abiertos, desnudos, en la azotea de tu casa. Arriba está el universo entero. Somos parte de un rompecabezas perfecto. Y sobrevivimos, para que yo pueda contarlo.

////////////////

¿Qué no tienes esto?, pregunta mientras remanga su polo de manga larga y con esfuerzo me señala la pequeña protuberancia que dejó la vacuna infantil.

No se ha dado cuenta que por no saber de qué hablarle, hace rato que le estoy diciendo cualquier cosa. Que lo mismo que señalo que no me inmunizaron contra la tuberculosis, podría comentarle también que me da miedo nadar cuando no hay piso o que no me gustan las cebollas cocidas, o en general, cualquier tipo de textura aguachenta. Me gustan las cosas firmes, como los músculos marcados en el brazo que me muestra y que desatan la pérdida de la ilación en mis ideas.

Me siento más torpe que nunca, tratando de seguir una conversación que no sé de qué va. Algo debe molestarle, arquea las cejas y su voz se hace más grave. Calla, como esperando respuesta. Le contesto que, si pues, entiendo, y lo observo seria, a la vez que les pido a los espíritus del deseo que me ayuden a atinar, a cambio de perdonarles su visita inapropiada.

Sin dejarlo replicar, le pregunto si no le queda alguna duda, porque se hace tarde. Contesta que sí y me toma la cara con sus manos. Nos reunimos tres veces en la semana para sus clases de inglés, que deberían durar dos horas, pero que casi siempre se convierten en tres. Es un estudiante correcto, esforzado y curioso. Es hablador y su voz, me turba. No es un niño. Ese brazo con cicatriz de vacuna no es de niño, menos lo son sus manos o su boca.

Se siente el sonido de la cerradura. La madre llega del trabajo.

Debo partir.

Good bye…don´t let the bedbugs bite.

jueves, noviembre 06, 2014

Sabor a ti

Y entonces, recuerdo aquella primera vez en que probé un ceviche de mariscos, el olor que emanaba el plato frente a mis ojos, las cebollas recién liberadas de su lacrimosa caparazón, cortadas por su verdugo afiladísimo, los calamares blancos, el limón casi invisible pero fragante, el ají protagonista en rojo, el miedo curioso de que todos esos olores sean en mi boca aún más potentes y desequilibrantes. Así es tu aroma que no es solo tuyo, sino que ha creado junto al mío, el perfume único que no se me desprende del cuerpo, de los cabellos, del alma.

Y voy cuesta arriba, subiendo las escaleritas rumbo al mercado hasta el casero de los productos marinos, sin temor a los gritos y empujones sabatinos o a las jaulas de pollos chillones, pero si con cierto asco al pisar el suelo pantanoso, de tierra humedecida por la garúa que no ha ofrecido tregua desde la noche anterior. Yo y mis diecisiete años caminando al lado de mi abuela, cargando la bolsa de rafia vacía y la timidez de la niña que ya no es, pero que al pasar por el puesto de ganchitos quisiera comprárselos todos. Debí haberme bañado, porque el olor a moluscos, a mar, a sal y a tabaco se escapa a cada paso, principalmente de entre mis piernas y podríamos ser descubiertos. Pero no, he decidido quedarme sucia.

sábado, octubre 25, 2014

Conversaciones de a uno (O cosas que se me ocurren NO sólo a mí)

 

Eres talentosa. No, no lo eres.

Tienes el trabajo más importante del mundo, formar personas. ¿Tú no trabajas, no?

Escribes de la putamadre. Escribes hasta el huevo.

Te vez muy bien. Estás panzona

No me interesa la vida de los demás. Te stalkeo en Facebook.

No puedo. En verdad, no quiero.

Te odio. Te quiero.

No me importa lo que piensen los demás. Pero, es que lo hice (o dije) porque…

viernes, octubre 10, 2014

Contigo hasta el fin del mundo

 

Mi abuela es la mejor, a nada le tiene miedo y me acompaña en toditas mis aventuras. Juntos recorremos el universo en busca de justicia y les damos su merecido a los villanos de todas las especies.

__Abu, súbete rápido al tren, que tenemos que huir de unos malos que me quieren llevar a su prisión subacuática.

__¡Vamos! ¿A ver Alfonsito, en qué vagón nos vamos a sentar?.

__Yo manejo Abu y tú vas en el vagón de carga.

__ ¿El rojo?... ¡Mi favorito!, pero ayúdame pues a sentarme con cuidado y no vayas tan tan rápido como la velocidad de la luz, que me puedo caer.

__No te preocupes, solamente iré a velocidad crucero. No te olvides que en mi tren, estás segura.

Alfonsooooo, en diez minutos vas a bañarte ah, no quiero protestas, se escucha a lo lejos la voz de mamá.

__ ¿Qué dice tu madre?

__Abu, de repente los malos la han convencido de que me meta a bañarme a la tina porque seguro que de ahí me van a raptar fácilmente, no vez que me agarrarían calato y avergonzado. O peor, la que me ha llamado ni siquiera es mi mamá, es Lex Lutor que está imitando su voz. No quiere que vayamos al cumpleaños de Superman, ¿Te acuerdas que te conté que nos invitaron?

__Sí pues, verdad. No hay que dejarnos engañar. Entonces vámonos en tren rapidito y cuando pasemos por la isla del tesoro nos bajamos, y ahí creo que tomaríamos un avión para llegar a la fiesta. ¿Dónde era?

__Es aquí, en el planeta Tierra, pero eso sí, en Estados Unidos.

__A ver, fíjate en el mapamundi que te regalé, qué tan lejos estamos.

__Tenemos que ir todo para el norte Abu, ¡Agárrate que voy a arrancar!

 

Alfonsoooo tienes cinco minutosssssss, chilla algo más fuerte la mamá desde la cocina.

__Abu, te ayudo a bajar del tren que tenemos que subir al avión, ¡pronto, pronto!.

__ ¿Crees que podríamos pasar cerca de la luna, Fonchito? Tengo hambre y como dicen que es de queso, de repente podemos ir y agarrar un pedacito.

__Ay Abu por favorrrrr, es avión, no es nave espacial, pues.

__ ¿Y quién dice que tu aeroplano no puede llegar al espacio también? Yo creo que con una gasolina especial con extracto de rocas marcianas que yo tengo, llega.

__ ¿De verdad, Abu?

__¡Claro! A ver, ayúdame a sostener la manguerita para echarle esa gasolina al avión.

__ ¿Cuál, esa que viene con la estación de bomberos?

__Si, esa, esa…shiiiiiiiii…Ya está, vámonos a comer un pedacito de luna y agarramos otro para llevarle a Superman por su santo.

__Pero Abu, un momento, tenemos que ponernos unos cascos especiales para podernos bajar en la luna, porque ahí no hay atmosfera y no vamos a poder respirar.

Se hace un silencio en la habitación. Mientras Alfonso busca un par de cascos interplanetarios en su caótico cajón de juguetes, su abuela parece haber enmudecido. La noche empieza a caer.

__Fonchito, no busques más ¡ya sé!

__ ¿Qué Abu, qué?

__No necesitamos ningún casco si nos cubrimos con polvo mágico invisible.

__ ¿En serio? Pero dónde lo vamos a conseguir.

__Mira por la ventana, ¿puedes ver el sol?

__Sí, está de color naranja, a punto de esconderse.

__Exacto, ahora cierra los ojos, toma aire con fuerza y contenlo hasta contar hasta quince. Yo también lo voy a hacer. No los abras por nada que podríamos quedarnos ciegos, vamos a absorber los polvos mágicos del sol.

Abu y Alonso cierran los ojos y cuentan. Los últimos rayos del sol los iluminan. Al abrirlos, ya ha oscurecido.

__Listo Fonchito, ¡Vamos!

__Vamos Abu, agárrate duro que estamos cruzando la atmósfera y va a ser violento ah, no vayas a querer vomitar… Uno, dos, tres, cuatro, cinco. ¡Yaaaa! Estamos en el espacio, mira los desperdicios que hay flotando, piedras, metales torcidos, ¡miraaaa las botellas de agua vacías que tiran los astronautas!

__¡Que cochinos esos chicos! Deberían tener un buen tacho en su nave y reciclar…¡cuidadooooo, no nos vayamos a chocarrrrrrr!!!!

__No nos estrellaremos, vamos serpenteando Abu, solo un poquito más y llegamos.

__Por fin, acá estamos. A ver, vamos a clavar la bandera del Perú en la luna.

__¡Ya!, saludo de honor, ¡Viva el Perú! Ahora agarra una bolsita y mete el queso. Y dame un pedacito hijo, que me muero de hambre.

__Acá tienes, Abu.

Alfonsooooo, ya pasaron más de cinco minutos, tienes que colgar ese teléfono, ¡Despídeteeeee de tu abuela!. Remata mamá molestísima, parada en la puerta del cuarto con sus cejas arqueadas que parecen una sola.

__Abu, me tengo que ir, baja despacito del avión. ¿Mañana nos vemos, no? ¿Tú crees que podríamos ir hasta tu casa?. Dice bajito Fonchito.

__Claro, mañana venimos a Chiclayo y te enseño la tumba del Señor de Sipán. Te quiero mucho.

__Yo también, Abu. Chau. Y cuelga el auricular.

PS. No puedo poner videos. Sí pueden, entren aquí…Come fly with me…https://www.youtube.com/watch?v=Euci0_BBmNE

viernes, septiembre 05, 2014

Distinción

“La copa se agarra del tallo. Del tallo y nunca del cáliz porque calientas el vino. El tinto va con la carne de res, el blanco con el pollo o el pescado. Vamos, que si se puede”.

 

__Sírvase señorita, me dice el mozo mientras prácticamente me embute una fuente con bocadillos que parecen comida para caracoles. Agarro uno y maldigo en silencio que no me ofrezca vino.

__¡Que delis las hojitas de parra!, escucho decir a una de mis compañeras, mientras contengo la náusea ante la textura rugosa del aperitivo en mi boca. Lo muerdo con resignación para descubrir un sabor fuerte como de queso avinagrado. Sabe a mierda.

“Parra se llamaba esta mierda. ¿Y ahora?, no la puedo tragar, pero ni modo que la escupa. Ok, la servilleta ha de salvarme. Me hago la que estornudo y escupo la hoja de parra en ella. Y luego, ¿Cómo la desaparezco sin que nadie se dé cuenta?”

Estamos sentados en una mesa circular, mi jefa, su secretaría y las otras dos chicas que hacen lo mismo que yo, son asistentes de prensa. Es el almuerzo por el aniversario de la empresa. Ellas conversan, se miran, se ríen y yo con la servilleta que guarda la hoja de parra rellena de no sé qué mierda, detenida en el proceso de formar el bolo alimenticio, en la mano. Observo rápidamente la situación como si me hubiera muerto, ósea miro a todos como si estuviera arriba de ellos. “No hay escapatoria sin roche. Podría levantarme y decir que voy al baño, pero seguro de los nervios me pongo tartamuda, y encima me verán con el puño cerrado. ¡Oh por Dios!. ¿Y si meto el bulto infiel a mi cartera? Me van a ver y además que asco. Ya sé, me agacho pretendiendo que algo se me ha caído y aviento la cosa debajo de la mesa. Sí, esa es”.

__Uy ¿se me cayó mi sortija?, digo mientras lanzo medio cuerpo debajo de la mesa. Me demoro cinco segundos en tirar la mercancía. Cuando levanto mi tronco a la posición sentada señorita bien, aparece el gerente general de la compañía en el estrado preparado para el magno evento y todos aplauden. Aplaudo también. Luego de un breve saludo, el hombre empieza a leer unas palabras que me suenan conocidas, típicas de discurso corporativo. Me da sueño y casi no me concentro.

__... y es así como la comunicación horizontal será la clave de nuestro éxito. Vivamos el espíritu Ringtune. ¡Hoy y para siempre!, es lo último que dice.

Suenan nuevamente aplausos entusiasmadísimos.

__Queridos colegas, gracias por sus palmas, pero debo decir que a mí no me corresponden. Por favor aplaudan a Carolina Paredes, asistente del departamento de Prensa y Comunicaciones, que escribió el magnífico mensaje que les acabo de leer en la encuesta de opinión que cada uno de ustedes recibió hace unas semanas.

“Mierda, esa soy yo” me digo a mi misma y al levantar la mirada, todos están diciendo wow, qué bien, ¡buena Caro! Me aplauden mientras un tacho de luz me ilumina.

Levanto una de las copas de tinto que el mozo está colocando por fin en la mesa, tomándola por el tallo y sonrío como pal Face. Nadie pensará ahora que fui yo la pueblerina que tiró la servilleta con hoja de parra bajo la mesa. Y que antes de escribir sonseras, me fumo un huirito en el baño del quinto piso que nadie usa. ¡Salud!.

miércoles, septiembre 03, 2014

En la punta de la lengua

Me siento frente al teclado para escribir y no puedo. Me bloquea una nube gris en la mente. Me hace verlo todo borroso, como la neblina en la cima de una montaña. ¿La has visto así, en la cima de una montaña?. Parece como si hubieran agarrado un algodón de dulce, lo hubieran estirado un poco con las manos y así, al descuido, lo hubieran lanzado hacia lo más alto. Mi cerebro, con mis ideas adentro, está empañado por ese algodón, que no es dulce, sino amargo y que me bloquea la imaginación, sobretodo la feliz.

La imaginación triste me persigue. Sueño con muertos, con muertos queridos que no me hablan. Con amores perdidos en el tiempo y las circunstancias, mi antigua casa, él, muchas escaleras y puertas. No quiero volver a ninguno, no quiero dar un solo paso atrás, he decidido avanzar.

Todos podemos escribir. Todas las historias están escritas. Todo depende de cómo las cuentes.

Inhala. Exhala.

Quítate el disfraz. Desnúdate.

Escríbete.

La historia la tienes en la punta de la lengua.

 

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jueves, agosto 14, 2014

Requisito Indispensable

Me falta ser más maldita,

Soy muy nice,

Digo chachán, súper y gracias

Y tanta sonrisa

en verdad cae mal.

 

Digo teta y digo poto

Pero no me sale tan genial

¿Si te pido sumergirte

en mi más profundo rincón,

y que me cabalgues sin piedad?.

 

¿Y si lo hago,

con suma serenidad

y circunstancia,

mirada al horizonte

Y los ojos rojos de tanta buena yerba santa…

 

Te parecería entonces

talento de verdad?.

martes, agosto 12, 2014

Robin Williams, los poetas muertos, la vocación

No sé bien cómo va a salir esto, pero tengo que escribir. Acá no importa además, que tan buena escritora puedo ser, sólo interesa que lo soy: ¨Lanzo mi alarido por los tejados del mundo¨. Lo soy aunque no tenga todo el talento del mundo y me tropiece, al igual que cuando hablo, escribiendo, aunque tenga 37 y recién me la esté creyendo, aunque a veces me caiga de sueño ante mi pantalla porque estoy cansada de hacer las cosas que todo adulto de clase media, responsable además de otras pequeñas vidas, tiene que hacer. Lo soy, porque a veces después de escribir mucho en la mente, viene la magia a mis dedos y puedo entregarles una historia. A ustedes, mi invisibles e indispensables lectores.

Esto es sobre mí, pero a la vez, no sólo sobre mí. En el contexto de unos días particularmente fuertes, emocionales, vengo a enterarme de la muerte de uno de mis actores favoritos… ¿A quién engaño?, MI favorito, Robin Williams. Cuando escucho su nombre, inmediatamente vienen a mi mente las imágenes de Mr. Keating, sus alumnos despidiéndose de él parados sobre sus carpetas, el sueño de una noche de verano, el carpe diem, seize the day, las páginas arrancadas de los libros inútiles, mis 17 años cuando vi La sociedad de los poetas muertos por segunda vez, que fue como si fuera la primera, porque sentí que el maestro me hablaba a mí, directamente, y desde entonces, tímida y metafóricamente, empecé a erguirme sobre mesas, no sólo venciendo el temor de ser algo diferente, sino porque desde arriba el mundo se ve también de otra manera. Neil Perry quería ser actor con todo su corazón, encontró con Mr. Keating el valor que necesitaba y se atrevió. Yo quería ser escritora, me estoy atreviendo. Y tú?, corre por lo que quieres, qué estás esperando?)

Dicen que Robin Williams se suicidó y me duele. Siento como que lo conociera y me hubiera gustado decirle, hey, estamos acá, hay un montón de gente a la que has inspirado, vamos a conversar, como te ayudamos...es irreal, pero así lo sentí. Creo que el tema con todo artista, persona talentosa, es que es muy sensible, todo lo siente y las cosas le duelen más también.

No sé si los demás estén de acuerdo conmigo, pero creo que para un artista es muy importante la reafirmación, la validación que pueda otorgárseles, porque finalmente, ¿no es con los demás con quienes compartimos el arte? En la vida cotidiana, a mi realmente no me interesa mucho lo que piensen los demás sobre mi o mis acciones, pero en la vida etérea de mis letras, si me importa. Cada vez que alguien me cuenta que leyó algo mío y lo hizo sentir algo, miedo, risa, pena, o se quedó con ganas de más, es para mí reafirmación de que mi trabajo no ha sido en vano. Por el contrario, cada vez que alguien no entendió lo que quise decir, se aburrió o simplemente le resulto soso y prescindible, siento desazón, algo de tristeza. Es cierto que luego vienen las ganas de seguir intentando, porque es también a través de la escritura que me siento viva. Y amo vivir. Aunque a veces siento que hay cosas que si pesan mucho.

Robin Williams decidió que el ya no quería más. Más de qué, sólo él lo sabe. Yo creo en Dios, entonces desde mi perspectiva le deseo paz a su alma. Y le doy las gracias.

 

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O CAPTAIN! my Captain! our fearful trip is done;
The ship has weather'd every rack, the prize we sought is won;
The port is near, the bells I hear, the people all exulting,
While follow eyes the steady keel, the vessel grim and daring:
But O heart! heart! heart!
O the bleeding drops of red,
Where on the deck my Captain lies,
Fallen cold and dead.


O Captain! my Captain! rise up and hear the bells;
Rise up--for you the flag is flung--for you the bugle trills; 10
For you bouquets and ribbon'd wreaths--for you the shores a-crowding;
For you they call, the swaying mass, their eager faces turning;
Here Captain! dear father!
This arm beneath your head;
It is some dream that on the deck,
You've fallen cold and dead.

My Captain does not answer, his lips are pale and still;
My father does not feel my arm, he has no pulse nor will;
The ship is anchor'd safe and sound, its voyage closed and done;
From fearful trip, the victor ship, comes in with object won; 20
Exult, O shores, and ring, O bells!
But I, with mournful tread,
Walk the deck my Captain lies,
Fallen cold and dead.

(Walt Whitman)

jueves, agosto 07, 2014

Nido de serpientes

Supongo que le puede pasar a cualquiera, tal vez es lo común para muchos, pero a mí, nunca me había sucedido. Eso de perder el trabajo de la vida, quedarte sin chamba por meses y cuando finalmente logras conseguir algo nuevo, entrar a un nido de serpientes a consumirte la existencia. Lo juro, eso no era gente, eran animales rastreros.

Siempre que empiezo un nuevo trabajo me gusta ponerme bonita y dar una buena impresión, los zapatos de taco impecables, los pelos bien cepillados, el maquillaje suave pero salvador, la ropa que no muestre nada de más, pero que favorezca. No siempre he logrado mi cometido, sin embargo, porque por ejemplo, una vez en mi primer día, salí tarde de casa y me olvidé de maquillarme. Pensé hacerlo en el micro y cuando por fin conseguí asiento, me di cuenta que no tenía mi neceser. Esa mañana entré a chambear con cara de Munra el Inmortal, pero bueno, esa no es la historia.

Entonces llego temprano y muy presentable al nuevo centro de labores. Me identifico en la recepción y a los minutos sale mi flamante jefe sonriente a darme la bienvenida. La verdad es que durante el corto tiempo que estuve esperando, algo no se sentía del todo bien. Me explico, el recibidor era amplio pero el único sillón, de cuero negro falso, era sumamente incómodo, bajo y tan hundido que al sentarte acababas con las rodillas queriendo golpearte el pecho. No habían plantitas, ni siquiera falsas, tampoco mesa de centro con revistas viejas o nuevas. Igual, traté de no ser prejuiciosa y pensar positivamente en la inmortalidad del mosquito.

Bajar a la que sería mi oficina, fue más desafiante. Se trataba de un sótano que no recibía luz natural. Las paredes grises, igual que la alfombra y los cubículos. En ese momento no lo percibí con tanta claridad como los días que siguieron, pero las personas también eran grises. Yo solamente sonreía cuando me presentaban y trataba de mirar lo bueno del asunto, ¡ya tenía chamba!.

Cuando pregunté a cada uno de mis compañeros si almorzaban en la cafetería de la empresa y absolutamente todos me dijeron no, para luego de media hora pararse juntos con rumbo a ésta y dejarme sola, debí reconocer que algo estaba mal, pero los disculpe en silencio con la idea de que alguien nuevo intimidaba y que no tardarían en cuenta de que yo era buena gente y me aceptarían. ¡Si, claro que sí!

Me iban haciendo pequeñas maldades cada día, como darme datos falsos, burlarse de mi ropa o no pasarme las llamadas, mirarme mal cuando salía a tiempo, ya que esa gente amaba quedarse dos o tres horas más tarde de la salida. Mi gastritis se elevó a la máxima potencia de tanto renegar en la oficina y empecé a perder peso rápidamente, lo cual alentó a Manuela, la más gris de mis colegas, a preguntarme si tenía algún desorden alimenticio, pero no con preocupación, sino como burla. __Asu, como se te cae el pantalón, ¿Eres anoréxica?, chilló un día. Todo aquello, la oscuridad del sótano y la desesperación por no encontrar otra cosa, empezaron a enloquecerme.

Una hora después de un almuerzo de trabajo al que tuve que asistir con mi compañera la grisácea mayor, su jefa y el administrador de una compañía con la que haríamos negocios, sonó mi teléfono, debía subir a ver al dueño. Al colgar me invadió un fastidio. No era que hubiera comido mucho, sino que los alimentos me caían muy mal cuando tenía que compartirlos con alguien de este entorno. Ese almuerzo en particular, había sido sumamente desagradable. Mis colegas habían estado odiosamente salameras con este empresario con el que firmaríamos un contrato y el tipo éste, un gordo sudoroso, de lentes metálicos cuadrados y canas trinchudas, no había dejado de mirarme los senos. Para recontra rematarla, al salir el hombre me tomó del brazo y me dijo que le gustaría que yo fuera quien le llevará los documentos para la firma la próxima semana. Yo le contesté que no era conserje, sino ejecutiva de Relaciones Publicas. Juraría que el sudor se le congeló al grasiento, Julián Pacheco se llamaba.

Subí no muy contenta a ver al dueño y cuando entré a su oficina me pidió cerrar la puerta, cosa que por lo menos conmigo, nunca hacía. Parecía molesto y empezó a hablar inmediatamente sin ofrecerme siquiera asiento.

__Me han contado que el almuerzo con Pacheco no fue de lo mejor. ¿Tú que crees?

__Que raro, yo lo vi contento y muy cómodo con las chicas, se notaba la camaradería entre ellos.

__Pero a mí me han dicho que tú lo incomodaste. Que despotricaste contra los medios online sabiendo que él tiene una web de noticias. Que el trataba de ser amable contigo y tu ni le contestabas.

__No es así, yo estaba muda y muy incómoda porque el tipo me miraba los senos descaradamente.

__Por favor Cecilia, Julián es un tipo honorable, padre de familia, amigo de esta empresa. Tú en cambio has venido a desunir al personal, no se sienten cómodos contigo. Me dicen que te vistes muy provocativamente, que te niegas a departir con ellos en los almuerzos y reuniones, que siempre te excusas de participar en los cumpleaños, que te enfermas mucho ¡y que te retiras demasiado temprano!

Se hizo un silencio incómodo y fue aquí donde perdí la cabeza.

__Muy bien Germán, ¡entonces vas a decirme que a ti tampoco te llaman la atención mis tetas! Y procedí a tirar para abajo del discreto escote redondo de mi vestido. El hombre se quedó mudo, con una mirada tan asustada que me dio lástima. Igual no tuve piedad, me acerqué y lo besé en la boca. Sentí claramente que el no sólo correspondía con ansías sino que quería más, entonces me separé de su lado, lo miré de pies a cabeza y ya no me dio ni pena. Le sonreí y hasta ahí me alcanzó el valor. Salí corriendo hacia mi pequeño cubículo, descolgué las fotos de mi hijo y mi novio y las metí en mi cartera, entré a mi carpeta de “chamba” en la computadora y le di borrar. Nadie se atrevía a preguntarme nada pero sentía sus miradas. Cuando agarraba mi chompa, sonó mi anexo y en la pantalla se leía Recursos Humanos. No contesté y partí rumbo a la calle. Era de día, el sol estaba fuerte, no lo había sentido así en varios meses. Sabía que nunca más tendría que volver. Me prometí a mí misma confesarme.

sábado, julio 05, 2014

Hoy

Me he encontrado una herida justo en la zona donde tengo un tatuaje, en el tobillo derecho. Tengo la piel seca y el tatuaje, que está hecho en tinta negra, con los años se ve gris oscuro, negro desgastado, pero la minúscula parte de la rajadura de mi piel se ve oscurísima, azabache, como el primer día en que la tinta penetró en mi carne. La heridita no me dolía hasta que tomé conocimiento de su existencia al sacarme las medias, y ahora siento allí, una extraña sensación, un dolorcillo. Tengo también un dolor en el alma y unas ansías furibundas. Soy un mar de nervios y emociones, que casi no puedo controlar. Tengo un deseo gigantesco en el corazón y un miedo atroz, pero ya no quiero verme de color negro gastado, quiero ser la negrísima parte de un tatuaje nuevecito.

viernes, junio 27, 2014

Amistad

Tengo una amiga que no considero mi amiga que dice que sus hijos son psyco, (no pisco),

con orgullo,

entre risas.

__Me da rabia que los mocosos le falten el respeto a uno,

Y miedo.

 

Tengo una amiga que no es mi amiga.

Me llama cuando me necesita

y en esos momentos imprescindibles para ella,

Me aprecia,

Yo le tengo miedo.

 

Tengo una amiga que era mi amiga y ahora no me habla,

pero me pide likes

Y tengo pena, profunda.

 

Tengo una amiga alcohólica en negación,

una amiga verdadera

muerta,

tengo conocidos que quisiera sean amigos,

tengo amigos circunstanciales que no me conocen.

 

No tengo a nadie que conozca mis debilidades,

mis defectos

ni aquellas cosas que realmente les darían miedo,

o risa,

o pena.

 

Pero tengo Facebook.

lunes, junio 09, 2014

Manifiesto pro respeto al escritor

A lo largo de mi vida, he escuchado decir a varias personas, yo debería escribir mi historia, yo debería ser escritor, tengo material para escribir un libro. La gente cree que porque tiene sueños cool, una lista larga de amores contrariados o una vida llena de anécdotas que funcionan muy bien para reuniones entre amigos o charlas en los medios sociales, por citar algunos ejemplos, está a un paso de estrellato literario. Les tengo noticias, así no juega.

El proceso de convertir eso chévere que crees que te pasó en una obra requiere no sólo talento, sino decisión para dedicarte a algo que la mayoría de seres humanos ni siquiera tomará en serio, a la par de habilidades que empiezan primero, con poder comunicarte bien a través de una escritura que conozca las reglas de gramática y ortografía, originalidad para entregar tu historia, puesto que, oh sorpresa, ya todas han sido contadas, disciplina de trabajo, buena asesoría y hasta por último, que Capricornio y Marte se alinien para que te cruces con los contactos adecuados. Escribir no es fácil cocherita, así es que antes de hablar cosas sólo por decir, mejor muestra un poco respeto para aquellos que la sudan escribiendo carillas, corrigiendo y volviéndolas a escribir, con pasión, con amor, con ahínco, para que tu probablemente ni siquiera las leas, y cállate la boca. O escribe bien y en serio.

(O si quieres mandas a un escritor de verdad a que por una módica suma te escriba tu libro de autoayuda, porque sí, los hombres y mujeres de las letras también tienen que parar la olla).

jueves, junio 05, 2014

El enigma del hedor del primer piso

El olor es tan fuerte y nauseabundo que no puedo pasarlo por alto. Tengo que comentarlo con alguien pero no sé si decírselo a Sara, mi amiga con quien me reúno todos los días para caminar. Esto de vivir sola a veces puede ser tan estresante. ¿Deberé llamar a la policía? ¿Tocar la puerta de mi vecina? ¿Investigar por mi cuenta?.

He llegado anoche a mi departamento de este tranquilo pueblo montañoso, luego de tomarme unos buenos vinos. Nada como una noche de buena plática para olvidar esta horrible semana. Al abrir la puerta de casa he sentido un aroma que me ha ofendido. También he sentido vergüenza de mi misma, porque no recuerdo si he sacado la basura. De repente, el tacho está lleno y los restos de carne se han fermentado ¡qué asco! ¡Ay, sería tan lindo que alguien me ayudara con estas tareas tan poco glamorosas! Pero ni modo, a sacar la basura se ha dicho.

Mi vecina es una anciana siniestra. Tiene el pelo blanco y camina lentito, lo cual podría producir cierta ternura, pero esas características de ella son en verdad, una patraña. La mujer no habla con nadie, vive sola, nunca la he visto recibir visitantes. No sale de su casa más que a fumar cada dos horas en su balcón, que está debajo del mío (y me tengo que tragar su pestilente humo). Debe detestar a las latinas sangre de fuego como yo, porque siempre me mira con cólera y odiar a los animales, especialmente a mi buena Bella, a quien observa con terror cuando pasamos cerca, para luego huir musitando conjuros que no puedo entender.

Justamente, hace un par de semanas, sentí movimientos abajo y tuve que mirar. Eran los bomberos llevándose a la vieja. La sacaban a paso ligero, en camilla. Me asusté y pensé que estaba grave. Al pasar por su departamento cada noche y ver las luces apagadas, llegué a creer que a lo mejor ya había pasado a mejor vida, pero de pronto, una tarde, he sentido el asqueroso humo de su cigarrillo subir y me he alegrado de saber que ha sobrevivido. No me gustaría vivir encima de la casa de un muertito.

Al salir a caminar esta mañana, he sentido el hedor misterioso más fuerte que anoche. Mi basura no es, he pensado y mientras cavilaba respecto a lo que debía hacer, Sara ha aparecido y entonces le he preguntado de una vez si acaso no lo siente. La he llevado cerca de la puerta de la anciana y tras un momento de concentración me ha dicho, Esto huele a azufre, a muerte, y yo le he creído. Ella conoce bien estos asuntos, especialmente porque tuvo que encargarse de descolgar a su hijo que se suicidó ahorcándose hace unos años atrás.

De pronto, recuerdo que hace unas noches, soñé con dientes. Que tenía muchos dientes blancos en mis manos. Los sueños con dientes significan muerte, me dijo una chica del colegio de monjas, alguna vez.

Son demasiadas coincidencias, los dientes, el olor, la sabiduría de Sara, así es que hay que tomar acción inmediatamente. Llamo desde mi teléfono móvil al encargado de mantenimiento del condominio, quien se presenta a los cinco minutos. Es un hombrecito bajito, bueno y coloradísimo, que me mira incrédulo mientras le cuento la historia de la fetidez y lo llevo casi en vilo al exacto lugar de donde proviene el repulsivo aroma. Yo creo que mi vecina tuvo una recaída y se ha muerto hace varios días, pero el señor insiste en que debemos identificar claramente de donde proviene el olor, antes de hacer algo más, y empieza a olisquear y observar lentamente todo el lugar. ¡La bendita flema anglosajona!. Yo ya quiero llamar a la policía y que se lleven el cadáver de una vez.

De pronto, el buen hombre, más rojo que nunca, me pide que me acerque, que la pestilencia viene de uno de los tubos por donde discurre del agua de las lluvias, justamente de la que cruza el departamento de la abuela sulfúrica. Sí, huele a difunto, ya lo vi, me dice. Y me pide que me vaya a casa, que él se encargará de sacar el cadáver de la ardilla muerta.

domingo, mayo 25, 2014

Una escritora divaga

Y de pronto ayer me sentaron, me revolcaron y me hicieron sentir que nada sé. Por primera vez leyeron mis historias en voz alta, un escritor prestigioso con el que estoy llevando un taller de escritura creativa, encima. Sentí que mi rosácea se ponía más imprudente que nunca, que mi cara iba a reventar.

Pude haber escogido cualquiera de mis mejores cuentos, los que he revisado varias veces y he editado con cuidado, pero elegí, para ser leído, un escrito amorfo que consta de tres pequeños párrafos que describen situaciones románticas (los lectores del blog lo conocen). Intenté por primera vez sacar a la luz mi idea de hacer historias con soundtrack, pero creo que a nadie le pareció tan genial.

Mi profesor mencionó un buen punto, que si incorporo música, puede que sea ella y no mi creación la que mueva al lector. Si pues, pero mi idea era que las canciones y el escrito se complementen y no compitan entre sí, yo pensaba en darle al lector diferentes sensaciones al leerme, pero en fin, yo no tengo ninguna experiencia en vender libros a nadie y creo que el punto es válido.

Otra que cosa que él menciona siempre es que mi estilo es muy directo y frio. Si, así mismo lo considero yo, y nunca pensé que eso fuera un problema. No me gusta lo recargado, no me gusta dar cien vueltas para decir las cosas y pienso que el lector se impacta mucho más cuando le sueltas las cosas de frente, justamente porque no lo espera. Por otro lado, una cosa es directo y lo otro es simple y peor simplón. Yo no quiero escribir simplón, yo no creo que escribo simplón, pero diantres, ¡lo he dudado!. He dudado que mi estilo, que yo consideraba bueno, en verdad no sirve para nada, no va a funcionar y ¡nunca voy a vender un solo libro!.

Me siento muy insegura. Ya tengo 37 años y excepto por el cuento que algún día publicaron en un compilado , no tengo más obra que haya visto la luz. Yo he creído siempre que lo que quiero hacer es escribir y encima considero que tengo un talento. Ayer lo he dudado y me asusta más el hecho de que yo siento que lo único que puedo hacer bien es esto y si no, entonces no soy capaz de hacer nada.

Como chola terca que soy, empezaré a editar mis cuentos, porque he decidido que tengo que intentar publicarlos. Ustedes, que siempre han sido tan generosos al pasar por aquí, me han hecho considerar que de alguna manera valen mis historias. Entre nosotros, ustedes y yo, no nos debemos nada y por eso siempre he sentido que sus comentarios han sido sinceros cuando he logrado arrancarles algún sentimiento o sensación con mis letras. Gracias por eso. Ahora sólo me queda esforzarme más, pulirme más y hacer caso a las críticas. Eso sí, no esperen oraciones gigantescas y rimbombantes conmigo. Nunca. ¡Yo soy la reina de la frase corta y el punto seguido!

And I look pretty in pink…

 

viernes, mayo 02, 2014

Pequeña historia de reconciliación para un solitario y enfermizo abril


Ella ha decidido darle la oportunidad de hablar. Se han citado en el mismo bar de siempre, el de los tiempos felices. Ella se siente feliz porque por fin ha podido ponerse aquella falda que le queda bonita. Mientras camina rumbo a la cita puede sentir, claramente, los latidos acelerados de su corazón.


Se encuentran, se sientan, piden unas chelas. Se fuman unos cigarrillos. Se sonríen como un par de adolescentes, al cruzar miradas. A ella siempre le ha gustado su olor. Él le está hablando despacio y la ha tomado de la mano, luego de apagar su pucho. Le dice que la ama, que no le importa todo lo que ha pasado antes, que la ama como siempre. Ella siente que quiere llorar, pero también sonreír, que el mundo se ha convertido en un lugar mejor, pero aun así no encuentra las palabras. No quería permitirse amarlo más, pero ya no puede seguirlo negando. Ella le aprieta la mano y como no lo hacía desde hace tantos meses, se acerca mucho para mirarlo a los ojos, para que él responda de la misma manera que lo hizo desde el día en que se amaron por primera vez, con un beso interminable, cargado de todo eso que sólo ellos pueden sentir, el uno por el otro.

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viernes, abril 11, 2014

CARTA PARA UNA AMIGA

Querida Ann,

Esta sería una carta que quisiera entregarte si pudieras leer español…

Si no estuvieras tan enferma, si no fuera yo, tan tímida. Aunque creo que no soy tímida en verdad, soy más bien una persona muy insegura. Dejó de hacer cosas por miedo, por prejuicio, por falta de confianza.

Creo que el resto de ladies de los ejercicios, no pueden entender muy bien porque siempre digo que me que caes super bien, que te aprecio mucho, especialmente porque soy la nueva, aunque ya nos conozcamos desde hace tres años. Siento que de repente no me creen. No saben lo mucho que aprecio las cosas que hiciste por mi, sin conocerme bien, siendo extranjera.

El único motivo por el cual dejo mi habitual inseguridad es cuando me toca pelear por mis hijos. Una persona que prometió ayudarme con S. y luego no pudo, o no quiso, fue quien sugirió que te pida ayuda a ti. Aunque con solo verte y decirte, hi, how are you doing this morning? ya me caías bien, tampoco era para que te vaya a pedir un favor personal, no éramos patas. Pero lo hice. Toqué tu puerta una mañana bien temprano y me hiciste pasar. Te conté lo que sucedía y me dijiste que me ayudarías. Y después de aquello tuve la oportunidad de verte todos los días por varios meses y conocer lo suficiente de ti como para llamarte amiga.

Asi supe que tenías mas de 70 años, que eras from Detroit, Michigan… and there is nothing there. Que habías cumplido 40 años de matrimonio con tu esposo. Que no te gusta Mr. Obama. Tampoco los inmigrantes ilegales, lo cual generó interesantes conversaciones entre nosotras. Que no ves nada de malo en que la gente guarde armas responsablemente. La verdad, me enseñaste a respetar el otro lado de la moneda.

También aprendí que te gusta hacer postres, especialmente cookies, que mis hijos disfrutaron mas que yo, por mi estupidez de no querer engordar. Que también te quedaste en casa cuando tus hijos eran pequeños para cuidarlos y que volviste luego a trabajar. Que eres fan de Internet y haces las mejores búsquedas, porque me conseguiste una persona que limpiara toda la alfombra de casa por $100!!.

Creo que nunca te dije que me recordabas mucho a mi mamita. Es que a pesar de ser buena gente, no eres la típica persona mayor dulce, que habla pausado. Me gusta tu voz fuerte, tu crítica mordaz, tu ironía, tu humor negro.

Tampoco sabes que cuando tuve un par de horribles días fui a buscarte con excusas solo para tener alguien coherente y chévere con quien hablar. Y que me encantó descubrir que eras también una buena bebedora y tomarnos esas cervezas heladitas en tu balcón, bajo el sol calentísimo de Colorado, que ambas amamos. No te gusta el invierno y a mi tampoco, entonces cada vez que yo me quejaba del calor, tu me decias, better than snow, I don´t complain. Y me ensenaste con eso, a parar la quejadera absurda con el clima.

Me gusto invitarte alfajores, queque de chocolate de mi mamita y pedirte recetas. Que me prestaras tu olla de presión que me recordó tanto mi infancia y que me escucharas cuando, insensiblemente, me quejaba de ciertas cosas respecto a mi familia. Me gustas mucho Ann, pero ya no tenemos mucho tiempo mas de continuar esa amistad que yo esperaba sea larga y tendida. Te estas muriendo con cáncer y yo no soy de las personas mas allegadas que te están acompañando estos días.

No he dicho que eres muy reservada y no te gusta el drama, por eso desde un principio dijiste que no querías recibir gente. Ahora tampoco puedes, porque andas casi sedada. Y la verdad es que yo no quiero hablarte con pena, con lástima, como si casi no estuvieras y lo cierto es que aca estás, todavía. Pero estas sufriendo, sin duda.

Pienso mucho en ti, pero seguí el consejo de una de tus mejores amigas que me dijo que no te esté llamando y menos tocando la puerta, porque eso iba a incomodar. Igual te mandaba mensajes porque te gusta recibirlos. Y asi hemos estado estos últimos meses. Pero hoy me llamaste tu. Me alagré cuando vi tu nombre en la pantalla. Pero casi no te entendí nada Ann y no sabía que decirte. Me hablaste cosas con poco sentido y yo solo atiné a decirte que si deseabas, podía ir a verte. Pero creo que no me entendiste. Y me dijiste I have to let you go, I´ll talk to you later. Se te escuchaba como si estuvieras padeciendo y eso me dolió mucho.

Ann, ya llegó la primavera y espero que el sol tibio te abrigue un poco, porque que la oscuridad es fea y asusta. No se si voy a tener alguna oportunidad mas de hablar contigo. Ahora mismo me siento tan tonta de no haberte dicho mas, pero sonabas tan diferente, tan drogada, tan adolorida que no pude, me trabé…

Un dia te dije que no tenía palabras para agradecerte por la gran ayuda que me diste, cuando tanto lo necesitaba y siendo una casi desconocida. Y tu me contestaste que no te agradezca tanto, que algún dia, yo también tendría la oportunidad de ayudar a alguien y que sabías, que también lo haría. Prometo que asi lo haré. Thank you Ann, en verdad, muchas gracias.

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sábado, marzo 22, 2014

Observación

La cosa es, que, ella nunca ha tenido la oportunidad de mirarse desnuda y tampoco ha dejado que nadie lo haga. No sabe tampoco de lencería sexy, ni de trucos malabaristas, ni de bailes exóticos. No es tampoco que sienta vergüenza o temor, es más bien, inseguridad. También curiosidad. No le molesta la idea de su cuerpo libre, pero resulta que el espejo de su baño, que es el único lugar privado al que puede acceder, es bastante pequeño. Solamente alcanza a ver sus senos, que probablemente no son tan grandes como ella cree, o le han hecho creer las convenciones de su mundo, que idolatra la delgadez y lo andrógino. Parada sobre el inodoro, puede verse la cintura, la cual no es muy marcada y las caderas, algo estrechas, hasta el inicio de sus , piernas. Con aquello, se hace a la idea de que tiene un cuerpo delgado y un pecho generoso. No siente que sea tan hermosa como le gustaría, pero tampoco va a echarse para atrás. En realidad quisiera ver el conjunto, para tener una idea cabal de lo que va a presentar. Se pregunta cómo lucirá de espaldas también.

Hay muchas preguntas que una chica se hace antes de ese momento.

 

lunes, enero 27, 2014

Unplugged

Quedan sólo diez. No te vayas justo ahora. Te necesito.
No me gusta el silencio.
Quedan diez y paradójicamente, no atino a moverme.
Oh los vinos!.
Además de escucharte, necesito mi cama, pero el que está cerca de ella, no sirve.
He de hacer malabares y aún asi, tal vez no resulte.
El cielo es gris, y azul y blanco. Lo veo parada frente a mi ventana. El viento me grita sonidos que asustan. Viene la tormenta.
Si duermo a su lado me altero, pero igual lo necesito. No quiero dormir aún.
Quedan siete.
Quiero mi cama. Mierda!, tropiezo. Me siento, me acomodo, lo mas erguida, cabeza de frente. Ya casi te vas. No va a funcionar, nunca funciona.
Tengo miedo de levantarme y caminar en la oscuridad hacia la sala. No puedo pedirte luz  ahora. Tengo miedo, entiendes?. Estoy mareada.
No entiendes nada.
Bueno, contra pereza, diligencia.
Contra miedo?...
Me levanto igual y esquivo muebles y fantasmas. Soy invencible.

Cinco por ciento.
Llego al tomacorriente y conecto mi móvil.
Cárgate rápido.
Hola...estás?.