jueves, julio 25, 2013

Declaración de amor

Nunca comprendí por qué venías a buscarme tan tarde.

Conociendo tu casa grande, de techos altos, tu cama amplia, imagino que era tal vez porque en las tardes, cuando el sol empieza a caer y el dia a refrescar, tal vez te quedabas dormido en una siesta larga y feliz. Luego, como al dar las 9 de la noche, despertabas y buscabas algo de comer. Tal vez tus galletas de agua. Al terminar con ellas, empezabas a alistarte, a ponerte las botas o las converse, a tratar de domar tu cabello largo, ondeado, derrepente con un poco de agua. Te afeitarías la barba media roja y te mirarías al espejo, convencido de que te vez como quieres verte. Y de ahí, a caminar media hora hasta mi casa.

Llegas a buscarme tarde y es casi una tarea burocrática llegar a mi. Tocar el timbre, cruzar los dedos para que ninguna de mis tías te abra. Y te interrogue, y tal vez, quiera inventar que  no estoy porque no debería verte a horas inadecuadas. No debería verte nunca. Pero tienes paciencia, porque aún cuando quieran botarte y hasta lo logren, regresas. Siempre vuelves.

Si hay suerte y aún estoy alerta, apenas suene la puerta, correré a mirarte por la ventana y gritaré que, ya voy, no se preocupen, y bajaré volando a tu encuentro. Si es tan tarde que ya empezó a darme sueño, probablemente no me entere que llegaste y me quedaré extranándote en mis sueños, imaginando historias contigo que no quiero contarle a nadie. Que nunca voy a decir.

Nunca te he mencionado que me molesta que llegues tarde. Se me olvida, porque siempre me traes una pequeña sorpresa felíz. Una revista con artículos tontos para reirnos, un libro interesante, un pisco, un cassette de una banda que nunca he escuchado. Te gusta compartir tus cosas conmigo, y a mi me gusta también. Me haces sentir especial. A veces, me hablas despacito y muy cerca. Creo que sabes que eso me tranquiliza. Me hablas despacito después de besarme. Siempre nos besamos en secreto.

Hoy me has traído un libro que habla sobre el horóscopo chino. A los dos nos encanta tratar de adivinar que nos deparará el futuro e intentar decifrar el por qué de que uno sea como es. Analizamos a los demás también. A mi chico, a tu ex. Hemos descubierto que ambos somos dragones y nos sentimos como las estrellas del circo. Nos reímos juntos del mundo entero.

Nuestros besos siempre son medios torpes, apurados. Nunca hemos hecho nada mas que besarnos. Nunca te lo he dicho, pero yo me siento muy pequeña a tu lado, un poco indefensa. Estamos abrazados después de un beso que casi nos ha quitado la respiración y de pronto siento tu mano entre mis piernas. Por primera vez. Tus manos son grandes, fuertes, un poco ásperas. Estoy asustada, pero no te digo nada. No te temo a ti, me temo a mi misma. No me había dado cuenta que te deseo. Y que quiero seguir. Y que te quedes siempre.

Pero mi tía me llama a gritos y tengo que reaccionar y despedirme.

Te extraño. Ven de una vez, que ya se está haciendo tarde.