domingo, agosto 26, 2012

La vuelta a ti. (Cuento)

Son 10 para las 8 de la noche. Faltan 10 minutos para la cita y no sé como hemos llegado hasta acá.

Me estoy mirando al espejo, con mis jeans y mi polo pegados. Me estoy maquillando porque necesito quedar perfecta. Bonita chica bien. Me despido de mi madre con un beso y me dice que la llame cuando llegue a la casa de Mariana, para que sepa que esoy bien. Salgo y tengo un poco de miedo, porque realmente no suelo andar sola de noche. Paro una combi, me subo y siento mi corazón latir a mil.

Una vez sentada, me quito las joyas que me puse en casa, el collar y las pulseras, los guardo en mi cartera cruzada. También me quito un poco del lápiz labial rojo y me subo el cierre de la casaca hasta arriba, no quiero mostrar escotes en el centro de Lima. Me suelto el pelo y en 10 minutos ya estoy ahí, en la esquina de Wilson y Quilca, lista para bajarme. Ahora sí, no puedo respirar bien de la emoción.

En ese momento, el paradero y las calles por donde debo caminar están llenas de gente, pero no reparo en nadie en especial, a pesar de que sé, que mezclados entre personas como tu o como yo, hay putas, choros o borrachos que pudieran hacerme daño o simplemente asustarme. Es mas, siento que ahora mismo ya nada ni nadie puede hacerme daño, porque estoy yendo, estoy caminando a tu encuentro, rápidamente, como si tuviera alas en los pies. Y cuando te vea, tu me salvas.

En la esquina del lugar donde debíamos encontrarnos, por fin te diviso entre la gente. Me sonríes. Te sonrío. No puedo creer que nos estamos sonriendo mutuamente después de tanto. Nos estamos sonriendo como el dia en que te abrí la puerta la primera vez, para que me preguntaras si quería acompanarte a tu baile de promoción, o como cuando, muchos años después, estábamos mirando el palito con las dos rayas. La misma tonta sonrisa cómplice tenemos, de la que te olvidabas cuando te metías cosas raras con tus patas, esas que te hacían olvidar que yo era musa y tu el rey del cuento.

No sabemos si debe haber beso en el cachete, abrazo o hola con la mano, lucimos torpes.

Yo, como siempre hablo primero y te pregunto si has traído mi mochila. La misma mochila que te llevaste ese dia temprano de mi casa, la casa de mi madre, sin que nadie notara. La mochila que tiene mis zapatillas all stars y mi pañuelo rojo, que escondí debajo del mueble de la sala para que tu te la lleves y me la entregues esa noche, en que la que va a tocar La Banda y yo te habia dicho que como me gustaría salir ir a verlos y tu me dijiste que tal vez podríamos ir juntos, que era el sábado y ahi podríamos aprovechar para hablar de las cosas que no podemos, cuando vas a verme a la casa de mi mamá. Me dices que tenemos muchas cosas que hablar. Y yo te digo que no sé, que si me gustaría ir, pero que mi madre jamás estaría de acuerdo y entonces empiezo a tramar dentro de mi cabeza el plan de que derrepente, sólo por esta vez, puedo decirle que voy a ver a Mariana para ir a bailar y a distraernos, como ella misma me está sugiriendo siempre, pero en vez de eso podría encontarme contigo. Pero no puedo ir al concierto de La Banda vestida de niña bien, eso ni hablar y entonces he tenido la idea de meter mis zapatillas y mi pañuelo rojo en una mochila y que tu te la lleves temprano y luego cambiarme por ahi y quedar listos para ir a escuchar el concierto y luego pues hablar, como tu me has dicho que necesitas.

Ahora te tengo al fin al frente y me entregas mi mochila de vuelta y pedimos el baño del barcito mas cercano. Antes de entrar, llamo a mi madre rápidamente, le digo que llegué bien donde Mariana, que volveré a las 3 a casa.

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Me quito los tacos, me cambio el polo, me amarro el pañuelo rojo al cuello y estoy lista y feliz. No se porque estoy tan feliz, pero me siento libre después de miles de noches. Me miro al espejo y me pongo más delineador negro en los ojos. Ahorita si, todo esta perfecto y en su sitio. Salgo y me sonríes nuevamente, te digo que estamos tarde y si podemos tomar un taxi, asi que paras uno y nos subimos. Te pregunto de que me quieres hablar, no porque lo quiera saberlo en ese momento, sino porque estoy nerviosa, porque estoy emocionada, porque no sé que mas decir, porque siempre despiertas en mi, cosas que jamás quiero reconocer que son ciertas.

Me dices que mas tarde hablaremos de aquello y diriges la conversación hacia el concierto. Me empiezas a contar de las otras dos bandas que tambien tocan y que yo no conozco muy bien, haciéndome recordar que en tal y tal momento, las habíamos escuchado juntos. Nos reímos porque hace mas de un año que no estábamos tan cerca, hablando tan relajados, mirándonos con tanta simpatía, parecemos un par de buenos amigos. Pienso en silencio que yo podría perdonarte todo, cada vez que quieras, pero hago el pacto con mi misma de nunca dejártelo saber.

Llegamos y los alrededores del estadio aún estan llenos a pesar de que el concierto ya empezó. Caminamos rápido y entonces, en una de esas, me tropiezo con alguien por tratar de seguirte el paso. Esperáme pues, casi grito y entonces me miras preocupado y me agarras de la mano, fuerte, para continuar avanzando. Me dejo llevar porque cuando tu piel toca la mia, nos volvemos una sola cosa, invencible.

Por fin logramos entrar y me dices que vas a comprar unas chelas. Me siento en el pasto para esperarte. Están tocando un tema que me gusta, entonces empiezo a cantar y sin darme cuenta pronto has llegado, me pasas la chela, cantas conmigo, me miras de reojo y siento que no puedo mas, que no puedo seguir honrando mas pactos, haciéndole caso a mas convenciones, reprimiendo mis sentimientos, anulando mis sensaciones y me lanzo a tus brazos.

Te abrazo con todas mi fuerzas, llorando, te pido perdón, no puedo hablar bien, pero te pido perdón, te abrazo y te abrazo...recuerdo que nosotros nos queremos desde que nos vimos por primera vez, básicamente porque somos de la misma raza. Desde ese dia nos amamos sin estar juntos hasta dentro de 6 años después. Hemos sido amigos, hemos sido amantes, hemos sido novios, has escuchado mis razones, yo tus miedos, nos hemos amado a escondidas y en público, hemos hecho el amor muy sobrios, muy borrachos, nos hemos reído del mundo juntos y le hemos escupido a la cara. Hemos dado vida. Nos hemos herido también, muy fuerte, por temor, por rabia, por influencias. Hemos caminado mucho antes de llegar esta noche para darnos un abrazo que nos haga reconocernos nuevamente, como esa raza de locos que se necesitan para vivir.

Y en ese abrazo eterno estamos cuando de pronto se viene un tema para poguear...yo te miro sonriente y corremos hacia la masa de gente, nos estamos riendo, estamos saltando, somos nosotros definitivamente, hemos vuelto. Cantamos y cantamos, nos miramos, miro al cielo, miro a la gente, siento la música. Estoy feliz de estar aquí esta noche.

Termina la última canción y la gente se empieza a dispersar. Yo, en verdad no quisiera desconectarme de tanta buena energía. Son casi las 12, pero yo no te he contado que no soy cenicienta, que aún me puedo quedar hasta las 3. Desde que te abracé no te he dicho mucho mas, y tu tampoco, pero tengo tu olor metido en la naríz y en todo mi cuerpo. Vamos yendo, me dices y me vuelves a coger de la mano. No digo nada, camino segura contigo, camino contigo.

Mientras estoy pensando que me vas a decir, dondé vamos a ir, que mas vamos a hacer esta noche, tus patas te pasan la voz, desde la vereda del frente. Me miras, quieres ir a saludar?. Te digo que está bien, cruzamos y todos nos miran sonrientes. Siento que  debo ser un elemento extraño, porque hace mucho tiempo que no andamos juntos, hace mucho que nadie nos ve juntos. Si hace unas semanas atrás nos preguntaban, ninguno quería hablar del otro. Y ahora estamos caminando tomados de la mano, delante de la misma gente con la hace unos meses, compartíamos parte de nuestras noches, de nuestras vidas, como magia, como si nada.

Nos invitan a acompañarlos, para unas chelas, en el centro. Me miras y me preguntas si quiero, claro que si, aún tengo tiempo. Ninguno de los dos menciona la conversa pendiente, creo que lo único que hacemos es disfrutar que estamos ahi, juntos, después y además de tanto.

Somos como 8 personas y todos tenemos que entrar en el carro de tu pata. Que locura. Todos tus amigos se sientan atrás y nos dicen que vayamos tu y yo, adelante. Supongo que saben, o que creen que saben, que hemos vuelto. Nosotros no decimos nada. Tu te sientas y me haces una señal para que vaya a ti, me dices despacito que sorry, que me puedo sentar en tus piernas, que no pasara nada. Eso me suena raro pero gracioso. Sonrío y me siento nomás, todo me parece muy bizarro, muy divertido, muy simplemente genial, no podría oponerme. Me hago la muy relajada, pero no cuento, claro que no cuento, con que estar tan cerca de ti me revuelve la sangre y me nubla las ideas. Que cuando estoy tan cerca, casi no me importa nada, que podría querer secuestrarte para amarte en ese mismo instante. Pero hago mi esfuerzo, me quedo callada, te siento en silencio, respirando cerquita y me siento con el corazón a mil otra vez. Me olvido del supuesto odio, de todos los miedos. Soy yo y estoy contigo. Viajamos hasta la luna desde San Borja hacia el centro de Lima.

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Llegamos al bar y nos sentamos a beber con los amigos, brindamos, parecemos la pareja de siempre. Nadie tiene idea de que nos separamos de una manera tan fea, de que te dije que no te quería, de que llegue a sentir que te odiaba, principalmente porque todos me decían que debía hacerlo y porque yo quería desaparecer del mundo y que no me sigas mas. Nadie tiene idea de que te tuve miedo, porque el amor te llevo a decir y a hacer toda clase de locuras, incluso algunas que me espantaban. De que me tuve miedo a mi misma, de tanto amor que me hizo finalmente yo. En ese momento no te quería cerca, estaba confundida, mi cuerpo y mi mente cambiaban. Me falto valentía para creer en ti y también en mi. Te falto hablarme despacio y recordarme quienes éramos. Nos olvidamos de nuestras canciones.

Nadie tiene idea tampoco de que no te detestaba, de que sólo quería estar sola para liberarme de tanta presión. Quería borrarte de mi corazón para nunca mas volver ser tan vulnerable, para nunca mas perder la cabeza por amarte, para que nadie nunca me diga que no valías la pena. Nadie se imagina que aún en los momentos mas tensos y con el mundo en contra nuestro, aún haciamos el amor, aún nos deseábamos, aún queríamos mas. Nadie sabe nada, nadie entendería que después de todo aquello, hoy estemos tomándonos un chela en medio de gente que cree que nos conoce. Nadie nos conoce. Nadie me conoce a mi, como tu, ciertamente. Nadie puede imaginar en tu vives en mi y yo en ti, y nadie puede saber, ni siquiera tu, que mientras te ríes conmigo yo quiero mas, te quiero de nuevo, como antes y como siempre.

El tiempo avanza demasiado rápido y te pido que me acompañes un rato afuera. Te pido un cigarro, el primero despues de mas de un año, y te digo que ya falta poco para que tenga que irme, que mejor traigas mi mochila para irme cambiando y que de ahi me tomaré un taxi a casa. Te digo también que no me dijiste lo que necesitabas decir, que vamos a tener que hablar otro dia y me dices que está bien, que te encantaría que nos veamos nuevamente, que la has pasado genial. Me pides que espere un ratito, que vas por mi mochila. Me quedo viéndote de espaldas, quisiera correr y abrazarte, pero me reprimo a mi misma, es lo que me han enseñado.

Traes la mochila y te pido que me acompañes a la puerta del baño, porque hay demasiados borrachos faltosos a esa hora y porque en verdad quiero que estes a mi lado un rato mas. Caminamos juntos, el baño esta en una zona un poco oscura y cuando llegamos está ocupado, hay que esperar, me dices. Me recuesto en la pared. Te miro, me miras. Te acercas. Te dejo acercarte, te miro a los ojos y de pronto todo el mundo se detiene... Nos besamos. Nos besamos como siempre, con desesperación, con miedo, con todas las ganas del mundo. Cuando el beso termina, seguimos abrazados, con tanta fuerza. Me dices que nunca, pero nunca jamás, me vas a dejar ir otra vez. Lloramos, los dos estamos llorando y por mi parte sólo quiero que ese momento dure para siempre. Yo soy musa, tu eres el rey del cuento y nadie va a decirme nunca mas lo contrario. Nunca mas, porque te voy a querer hasta el fin del mundo. Entonces te pregunto despacito, con esa voz que solo tu me conoces, qué ibas a decirme esta noche. Me contestas bajito, pero eso sí, muy claro, te amo.

Y yo te creo. Todavía.

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