jueves, abril 20, 2006

27 calles y un dragón (Cuento)

Anduve buscando una mirada, una razón, alguna voz que me dijera - ¡Quédate!-, pero no la escuche y tuve que aprender a interpretar - y disfrutar - del silencio.

27 calles y un dragón me separan de su casa .
Salgo de la mía resuelta a encontrarlo a como de lugar.

Más silencio.

Manuel dijo chau hace un año junto con un beso en la mejilla, un cigarro en los dedos y un par de ojos que no decían nada.

Esa fue una noche oscura.

Cuando te sientes en lo correcto no necesitas luces, eres la dueña del mundo y dices chau primero, y él … no reacciona, no niega, no afirma … sólo te deja con el olor del cigarro en el pelo… también en el alma. Tú quieres poner un punto final.

Realidad.

Ahora tengo que salir y tratar de cruzar los pantanos para encontrarlo, para que él me pida a mí que me quede. Necesito el final.

El camino está oscuro, estoy temblando de frío y estoy empezando a ahogarme. La atmósfera se siente muy pesada y ya casi no puedo avanzar. De pronto, el dragón asoma su silueta. Mirada de espanto ( la mía ), diviso una puerta e ingreso.

Humo.

El concierto está en pleno apogeo, la gente canta, la gente grita, la gente se vuelve loca, goza, suda. Yo estoy sudando también y eso me vuelve su cómplice. Puedo sentir como el ambiente se aligera y la música me envuelve. Vuelven entonces mis sentidos y yo camino con los ojos bien abiertos.

Me ubico.

Ahora si cierro los ojos y empiezo a ejecutar mi danza.
Me siento ya parte de todo… mis propios cabellos mojados azotan levemente mis mejillas, las voces, los cuerpos y el aire denso me acarician y ya no tengo miedo. Y así, en el delirio, siento una presencia que lo llena todo, que me absorbe, que me regresa mi. Volteo la mirada y me encuentro con los ojos del ángel.

Como explicarle que ahora sí es real, que lo estuve buscando hace mil años, que me ha devuelto la memoria y que por fin todo es posible.

Me envuelve una ola de agua salada.


El ángel me toma de las manos y al ver que quiere cruzar la puerta, escondo mi rostro en su pecho.

El dragón me estuvo esperando, pero ahora el ángel y yo lo miramos de frente. El fantástico animal lanza un grito de dolor y yo miro sus pupilas rojas...cuando intento fijarme en el resto de su cuerpo, éste se ha hecho nada.

Sonrío luego de 12 lunas.

El ángel y yo subimos las escaleras a tropiezos, me arden las venas. Tiendo mi cuerpo en una alfombra amarilla. Le grito que lo conozco desde hace un siglo y lo estaba esperando pero no me daba cuenta, que me ha rescatado, que se llama Alejandro, que necesito adorarlo…

“ Descansa ahora mi alma ( y la envoltura) en ti, luego de haberme quitado el chaleco antibalas. Te he regalado mis manos, he bendecido tu llegada, he andado por todos tus caminos, te he llamado por todos tus nombres y por fin estoy viva. “

_ ¡ Quédate! _

27 calles y un dragón me suenan a un cuento que empezó pero que también tuvo final.

Y tus ojos, ángel, me repiten que contigo estoy viviendo en serio. De verdad. Siempre.

Carla Pereyra.

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